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Monday, June 01, 2015

Puedo morir tranquila.



NO es que esté pensando morirme pronto. Pero siempre me había preguntado como sería la vida en mi casa si yo no estuviera. El viernes pasado tuve la experiencia, por primera vez desde que me casé, hace 13 años ya, de quedarme en la cama todo el día. Ojalá hubiera sido como me lo imaginé, la verdad es que fue una pesadilla. Un infección terrible de garganta, una fiebre que no bajaba, un dolor generalizado...

Para acabarla de coronar, era viernes último de mes, día en que hay consejo técnico y los niños no van a la escuela. Así que tenía el panorama trazado para el colapso. Pensé que eventualmente tendría que levantarme, como cuerpo sin alma a poner orden y limpieza en mi casa, a dar de desayunar, etc etc. Pero no pude. A pesar de que mi panorama era el clima para la tormenta perfecta, me llevé una de las mas lindas sorpresas.

Los hermanos mayores, tomaron muy en serio su papel. Hicieron desayuno, -incluso salieron a la tienda a comprar lo que hacía falta para el desayuno y la comida- que ellos mismos prepararon. Me subieron al rededor de las 10 de la mañana un plato de chilaquiles, frijoles y huevo. Gesto que agradecí enormemente pero que mi estado me impidió siquiera probar.

Los escuché como organizaban a las pequeñas a recoger la cocina, lavar los platos, limpiar la casa. Luego les prometieron una película, Al mediodía, pude percibir el olor de nuevo a comida, -un poco quemada pero comida- risas, juegos, organización y trabajo.  Transcurrió el largo día de entre fiebres, dolores y somnolencia escuchando (me hubiera gustado poderlos observar sin que me vieran) como se han convertido en niños capaces de hacerse cargo de si mismos, incluso de los más pequeños.

Ha sido trabajo de muchos años, esfuerzo continuo en casa y en la escuela de dejarlos que descubran su potencial, dejarlos hacer, tantas veces como sea necesario, equivocarse, dejarlos manipular y moverse con libertad con las cosas, hacerse responsables de la limpieza y el orden... Pero especialmente este ciclo escolar, ha sido especialmente formativo para todos.

Tuve la "desgracia"  (lo pongo entre comillas porque en realidad no lo es) de quedarme sin ayuda en casa. Así que familiarmente tuvimos que asumir la nueva condición y empezar a poner cada quien de su parte para que esto caminara. La primera en hacer todo mal fui yo. Quise tomar el control, hacer y deshacer, limpiar, ordenar y demás. Pero ese no era el camino.

Poco a poco he ido aprendiendo, con mis pequeños grandes maestros que la responsabilidad es conjunta, que ellos son capaces de muchas cosas y que no soy una mala madre si les "impongo" labores domésticas.

El viernes viví la experiencia de recoger algunos frutos de la independencia y el compromiso con la comunidad familiar. Es lindo saber que pase lo que pase estarán bien, porque están preparados para la vida. Es lo que promete una educación como Montessori, ahora lo veo, ahora lo vivo. Llevar los principios de orden, de paz, de convivencia, de "gracia y cortesía" al seno de la familia ha traído hermosas experiencias y grandes beneficios.

Hoy se que no necesito ser la SUPER MAMÄ TODOPODEROSA, ¿quién me dijo que debía serlo?
y que lejos de hacerles un bien al tener yo todo listo (y yo estar muy cansada todo el tiempo) la mejor herencia que puedo dejarles, y que les valdrá de mucho en el futuro es estar preparados para la vida. El poder de la INDEPENDENCIA, Un día -o muchos días- yo no voy a estar ahí (como el viernes, que aunque estaba en realidad no estaba) y se que ellos podrán salir adelante. Así es la vida.  Lo que me deja tranquila es su actitud frente a los retos. No temen a enfrentarlos, se saben capaces de salir adelante a pesar de las dificultades, hasta alcanzar lo que deseen


Dedicado con amor a mis hijos que amo con locura y admiro por ser mis grandes maestros


Tuesday, February 03, 2015

Música y alimentos para el alma



Dicen que la música es uno de los lenguajes con que se comunica el alma. Las notas en armonía que van armando poco a poco melodías, animan hasta el corazón más apático y distraído a seguir aunque sea con la punta de los pies el ritmo y el tempo.

Estamos acostumbrados a oír un mundo de cosas a nuestro alrededor. Los que vivimos en grandes ciudades hemos acostumbrado el oído al continuo zumbido del los autos al pasar, los estruendosos bocinazos y el continuo rugir de los motores. Esa es la música de fondo de nuestro ir y venir. Una música que lejos de ser armónica nos ensordece, nos marea, aturde. 

Lejos están los tiempos en que durante la mañana se podían escuchar el trinar armonioso de las aves levantando una alabanza mientras el astro rey rompía y rasgaba las sombras y al ocaso, una nueva melodía, de despedida a la luz se escuchaba por entre las copas de los árboles. Parvadas de aves cruzaban el cielo buscando un foro donde presentar el espectáculo del atardecer, como preparándonos para el gran concierto nocturno, donde grillos, sapos y cigarras nos deleitaban con composiciones absolutamente únicas y originales.

Hoy parece que solamente danzamos al ritmo del tic-tac del reloj, teniendo de fondo el noticiero de la mañana. Bailamos al ritmo del trabajo, del dinero. del patrón, del mejor postor. No seguimos un ritmo. seguimos el paso de otro. 

 Nos hace falta de vez en cuando tomar un tiempo para relajarnos, escuchar el silencio, la naturaleza, el ruido de nuestra respiración a ritmo de nuestro palpitar. Somos seres de armonía. De música. Nos lo dice el pulso de nuestra sangre al correr. 

Durante la décima Jornada de escuelas Montessori de Puebla, tuve la dicha de experimentar un ejercicio de reflexión acerca de la importancia de la música en el bienestar del ser humano. El taller dirigido por Kitzia Weiss y Jorge Villegas-Ivich, bajo el título "Generando buenestar en le ser, para un óptimo desempeño en la escuela, la familia y la sociedad" compartieron con nosotros, durante dos días, la experiencia de descubrir una vez más  la armonía que compone nuestro ser, quienes nos rodean y el ambiente en que nos desenvolvemos.

Un taller absolutamente vivencial, donde no hubo grandes teorías y sin embargo mucho trabajo profundo. A través de la escucha de música, de momentos de reflexión y meditación, de silencio, de actividad y creatividad se logró despertar al niño dentro de cada uno y tomarnos de las manos y poder danzar y cantar y tocar una melodía apenas conocida para todos fue una experiencia única. 

Recordar de vez en cuando que somos seres irrepetibles, parte de un todo, de una comunidad, de un planeta, sentirnos libres y responsables de lo que nos corresponde hacer a cada uno en su lugar para hacer de este mundo un lugar mejor para vivir, fue la atmósfera que generó este par de días en compañía de padres de familia, directivos, guías Montessori, tanto de Puebla como de otras partes de la república y algunas del extranjero.

Así nos encontramos, como en un principio, como cuando éramos pequeños, un grupo de adultos, desconocidos la mayoría hasta hace unas horas, mirándonos los unos a los otros, cantando tomados de las manos un hermoso canto en hebreo, con el versículo de Isaías 2: 4 

Lo yisa goy 
El goy cherev
Lo yil'medu
Od milchamah.

Las naciones no levantarán
la espada contra las naciones
y no aprenderán 
más sobre la guerra.




Agradezco  a la comunidad Montessori Monarca por abrir la invitación de este evento también a los padres de familia y permitirnos aprender un poco más acerca de la Filosofía Montessori.